El 2015 se perfila a ser un año en el que la actividad económica terminará prácticamente estancada, con una inflación que estará cerca del 30% y el salario real del sector formal se mantendrá prácticamente sin cambios.  Por otra parte, la creación de puestos de trabajo en el sector privado será nula y la pobreza tenderá a crecer. 

Cabe aclarar que este es nuestro escenario previsto para el año, pero como en todo escenario estamos describiendo la tendencia, o el promedio de las variables. Sin embargo, la realidad mostrará algunas fluctuaciones. Esto significa que en algún momento del año, el contexto será mejor que el descripto y en otro será peor.

El objetivo del gobierno es aprovechar estas fluctuaciones para que la mejor parte se produzca lo más cerca posible de las elecciones. Sin embargo, también es cierto que las condiciones económicas y las expectativas de los agentes económicos en temas como el valor del dólar tomarán fuerza a medida que se acerque el cambio de gobierno.

Hasta que no se cierran las paritarias, la gente vive con salarios viejos pero tiene que pagar precios nuevos. Sin embargo, apenas se ajustan los salarios aparece un salto del consumo y lo que el gobierno quisiera es que ese momento se de lo más cerca posible de las elecciones. Para eso sirvió retrasar las paritarias. Lo mismo sucede con el ajuste de jubilaciones que se dará en abril o de la asignación universal por hijo. Todas estas medidas están destinadas a que el mejor momento del consumo se produzca dentro del período electoral. Naturalmente, estas medidas tienen un costo, el retraso de las paritarias provocó una caída del consumo a comienzos de año y el incremento del gasto público se terminará pagando con deuda o emisión monetaria e inflación futura.

Pero mientras el Gobierno intenta crear un veranito cerca de las elecciones, las perspectivas de los agentes económicos sobre el tema cambiario también pueden jugar un papel. Hasta septiembre el Gobierno tiene cubiertas las necesidades financieras, pero el cuarto trimestre es sin dudas el más complicado. No sólo porque están los mayores vencimientos de deuda, sino porque además será el trimestre que tendrá mayor emisión monetaria y en el que habrá dos presidentes. En ese contexto, la incertidumbre sobre el tipo de cambio será creciente a medida que se acerque el cambio de gobierno. Cuando hay incertidumbre cambiaria, las carteras tienden a dolarizarse y la mayor demanda de divisas puede generar volatilidad en el mercado cambiario. Pero como los mercados tienden a anticiparse posiblemente este proceso comience antes. 

Para las elecciones, el Gobierno llega con una economía que no crea empleo y con inflación alta. Aun así, espera poder generar un "veranito" temporal. Por otro lado, la incertidumbre en materia cambiaria puede presionar al tipo de cambio y generar cierta volatilidad en los mercados. Lo cierto es que estas dos tendencias estarás conviviendo y compitiendo también durante las elecciones.