Los Mártires son muy conocidos en la historia del cristianismo, pero los de comportamiento opuesto, los Lapsi, no figuran mayormente en la memoria de los fieles. 
Hoy tenemos muchos lapsi del siglo XXI, lo que se nota en la acción de los actuales jueces y fiscales de nuestro país quienes atacan, finalmente, la corrupción de tantos años.

Iniciemos esta descripción desde el comienzo del cristianismo y enseguida se verá quienes son los lapsi: En el mes de abril del año 30 de nuestra era, se dio el proceso que hoy llamamos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, según describe José Orlandis en su libro La Historia de la Iglesia, tomo I. En aquella época los cristianos, entre todos, sumaban alrededor de ciento veinte personas, los cuales se habían reunido el día en que, a propuesta de Pedro, Matias fue elegido apóstol en lugar de Judas. Había también muchos otros que habían escuchado las enseñanzas de Jesús, pero no eran sus seguidores.


Cincuenta días después de la resurrección de Jesús, el día de Pentecostés (el quincuagésimo día) cerca de tres mil almas se convirtieron convencidas por la venida del Espíritu Santo y el sermón de Pedro. Según José Orlandis, el segundo discurso de Pedro, en el templo, elevó hasta unos cinco mil el número de creyentes (Hechos, 4,4).


Los cristianos, en las diferentes creencias que se incluyen en esta denominación, según las cifras de 2012, suman unos dos mil doscientos setenta millones de almas, que tratan de religarse con los orígenes del mundo (eso es lo que significa "religión"), es decir, tratan de conocer de dónde vienen y a dónde van los seres humanos que viven un tiempo en la Tierra.

En los primeros trescientos años el cristianismo sufrió numerosas persecuciones por parte de las autoridades del Imperio. Era tan fuerte la fe de los cristianos que se registraron muchos mártires, cristianos que prefirieron morir antes que realizar ofrendas a los dioses romanos. Las persecuciones de Nerón, de Decio, Valeriano, y la gran persecución de Diocleciano, son ejemplo de estas tremendas represalias contra los cristianos.


La época de este último, Diocleciano, es recordada como la de un gran emperador Romano, algunos también lo recuerdan como el último Emperador. Realizó grandes obras y llevó a cabo muchas campañas militares, por lo que el gasto público del imperio creció en forma insostenible. Por este motivo tuvo que emitir mucha más moneda pues no le alcanzó el dinero de los tributos. La emisión de tanta cantidad adicional de monedas afectó el nivel de precios, provocando inflación. Para tratar de frenar la inflación estableció un control de precios estricto, por el cual nadie podía aumentar los precios en tanto que la cantidad de dinero crecía en forma vertiginosa. La pena por no cumplir con este edicto era la muerte para el empresario, razón por la cual muchos de ellos abandonaron sus negocios, pero la inflación naturalmente siguió.

Lo que hizo con el control de precios es una muestra muy apagada de lo que Diocleciano quiso hacer con el cristianismo: matarlo radicalmente, exterminarlo. El 23 de febrero de 303, promulgó un primer edicto que ordenaba la destrucción de los lugares de culto, de los libros de las Sagradas Escrituras y la privación de los derechos civiles a los cristianos. Posteriormente, dictó tres edictos más, por los que puso en prisión a todo el clero, luego estableció que debían hacer sacrificios a los dioses romanos y el que se negaba sería sacrificado. Finalmente, todos los cristianos debían honrar a los dioses romanos. Aplicó estos edictos con extremo rigor. Si bien existieron muchos mártires que prefirieron morir antes que cumplir esas órdenes, también hubo fieles que abdicaron, que fueron blandos y cedieron a las presiones del poder temporal.

Como en la persecución de Decio y otras anteriores, en la persecución de Diocleciano existieron muchos lapsi, (en latín: los que han tropezado) cristianos que abjuraron de su fe y prefirieron cumplir con estos edictos y efectuar o fingir efectuar sacrificios a los dioses o a las figuras del emperador romano. Hay varias formas de lapsi pero todas son, en el fondo, casi lo mismo: renegar de la fe cristiana y obedecer las órdenes del Imperio.


Entre los que se redujeron a traditores o lapsi hubo dos obispos españoles, Basílides de Astorga y Marcial de Mérida y hay noticias de varios obispos en otras regiones que fueron infieles. Lo más importante es que hubo muchos mártires, comenzando por el Papa San Fabián y muchísimos cristianos que prefirieron confesar su fe sin desfallecer. En la gran persecución de Diocleciano, si bien hubo muchos lapsi, se destacaron especialmente los mártires, entre ellos algunos muy famosos, como Santa Inés o San Cosme y San Damián.

La Iglesia, al contrario de lo que pretendía Diocleciano y los demás emperadores anteriores, salió fortalecida de estas persecuciones gracias a su lucha heroica contra los edictos de los dirigentes máximos de Roma y sus dioses.

¿Qué nos dice hoy esta diferencia entre los Mártires y los lapsi? Actualmente nos enfrentamos a una importante confusión entre los cristianos y podemos decir que también hay muchos lapsi del siglo XXI, almas que se rinden a las demandas y goces del momento mundano, pensando quizá que esto es todo en la vida de un ser humano y que no hay nada más allá del paso por la Tierra.

Hay muchos dirigentes que deberían dar el ejemplo a todos los demás pero, en la práctica, se quedan con mucho dinero de la comunidad, aprovechando su posición de poder. Es tanto ese dinero del que se apropian indebidamente que, incluso, lo cuentan con máquinas especiales o directamente por kilo. Consideramos esta idea o conclusión de dejarse arrastrar por la mundanidad como un gran error en la economía de la vida.

A pesar de todo, los cristianos seguimos aumentando y estamos superando este año 2016 el 32 % de la población mundial. Más allá del cristianismo hoy necesitamos dirigentes y ciudadanos con más valores firmes y que sean menos acomodaticios, menos lapsi.