La política, la economía y la caza de puestos

Durante el invierno revolucionario de 1919, la Asociación Libre de Estudiantes de Munich invitó a Max Weber a hablar sobre "La Política como Vocación", conferencia que se publicó, revisada por el autor, en el verano de 1919. Max Weber, que estaba al final de su vida - murió en 1920- fue crudo en sus expresiones.
Su definici√≥n del t√©rmino es clara: "Pol√≠tica es la direcci√≥n o la influencia sobre la direcci√≥n de una asociaci√≥n pol√≠tica, es decir, en nuestro tiempo, un Estado". Y aclara que con el desarrollo del Estado Moderno ha aparecido un tipo nuevo de profesi√≥n: el de "los pol√≠ticos profesionales", los cuales, seg√ļn Weber, o viven "para" la pol√≠tica o bien viven "de" la pol√≠tica.

La diferencia, seg√ļn √©l, no se sit√ļa en el nivel de los ideales, "de estar al servicio de algo" que da sentido a la vida sino "en un nivel m√°s grosero, en un nivel econ√≥mico: Vive de la pol√≠tica como profesi√≥n quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos; vive para la pol√≠tica quien no se halla en este caso".

Ahora bien, para poder vivir "para" la pol√≠tica dicha persona tiene que ser econ√≥micamente "libre" o sea que sus ingresos deben ser independientes de la pol√≠tica. En las condiciones de aquel momento (y menos ahora), pr√°cticamente nadie. "Ni el obrero ni el empresario, especialmente el gran empresario moderno, son libres en este sentido", aclara Max Weber y "mucho menos el empresario industrial que el agr√≠cola, dado el car√°cter estacional de la agricultura". El industrial necesita estar permanentemente gerenciando su empresa y no puede dejar una representaci√≥n en su lugar porque con el tiempo la compa√Ī√≠a no funcionar√≠a bien.

Al político profesional no le interesa mucho la economía normal. Ni todos los príncipes guerreros ni todos los héroes revolucionarios se han preocupado lo suficiente de la economía normal. "Unos y otros viven del botín, el robo, las confiscaciones, las contribuciones o imponiendo el uso forzoso de medios de pago carentes de valor, procedimientos todos esencialmente idénticos". Max Weber, ya cerca del fin de su carrera como estudioso de la economía y de la política, es muy lapidario en esta afirmación. Un poco más adelante se dio cuenta de su dureza y aclaró que "hay excepciones".

Si la dirección política es accesible a personas carentes de recursos, "éstas han de ser remuneradas". Dice Weber: "Lo que los jefes de partido dan hoy como pago de servicios leales son cargos de todo género en partidos, periódicos, hermandades, cajas de seguro social y organismos municipales o estatales". "Toda lucha entre partidos persigue no sólo un fin objetivo sino también, y ante todo, el control en la distribución de cargos". Y agrega lapidariamente: "Los partidos políticos sienten más una reducción de su participación en los cargos que una acción dirigida contra sus propios fines objetivos".

Finalmente, concluye Max Weber, casi todos "los partidos se han convertido en cazadores de cargos, que cambian su programa u objetivos de acuerdo con las posibilidades de captar votos". Da varios ejemplos de pol√≠ticas y de elecciones en los que, en definitiva, se trata siempre "de los pesebres estatales, en los cuales los vencedores en una elecci√≥n desean saciarse". "Con el incremento del n√ļmero de cargos, como consecuencia de la burocratizaci√≥n general y la creciente apetencia de ellos como un modo especifico de asegurarse el porvenir, esta tendencia aumenta en todos los partidos, los cuales son vistos por sus seguidores como un medio para lograr el fin de procurarse una cargo".

Me pareci√≥ que los alumnos que le hab√≠an pedido a Weber esta conferencia deb√≠an de estar aterrados esta altura de la charla, ya que los j√≥venes son siempre idealistas y quieren romper con los moldes que atan al pueblo a intereses creados, injustos, pero que tienen la frialdad de predominar en el corto y mediano plazo. M√°s de uno podr√≠a estar diciendo "que se vayan todos", palabras que tambi√©n escuchamos 100 a√Īos despu√©s, 100 a√Īos sin que las cosas hayan cambiado para bien en ese sentido. Pero a√ļn faltaba para terminar la conferencia de 1919.

Al final agreg√≥ algo m√°s duro: "Desde la aparici√≥n del estado constitucional y a√ļn m√°s evidente desde la instauraci√≥n de la democracia, el ¬ędemagogo¬Ľ es la figura t√≠pica del jefe pol√≠tico en Occidente". Se nota que esta afirmaci√≥n le pareci√≥ a √©l mismo muy fuerte, pues la moder√≥ diciendo: "Las resonancias desagradables de esta palabra no deben hacer olvidar que no fue Cle√≥n sino Pericles el primero en llevar este nombre".

"La democracia moderna se sirve también del discurso, pero -decía Weber en 1919-aunque utiliza el discurso en cantidades aterradoras, el periodista es la figura...más interesante...para el demagogo en la actualidad". Este transmite los hechos con el cristal a veces crítico, a veces a favor del gobierno de turno. Por eso es que siempre hay conflictos entre los gobiernos más populistas y los medios de prensa. El gobierno de turno quiere tener los medios periodísticos a su favor y, en algunos casos, procede a ir comprándolos o dominándolos con nuevas leyes para mantener creíble el discurso que ahora también llaman relato, de tal manera que haya una recreación de la realidad que haga que la gente siga votando lo que incluso podría ser contrario a sus intereses, sin saberlo. "Resulta lícito calificar la situación presente como dictadura basada en la utilización de la emotividad de las masas", concluyó.

¬ŅQu√© consecuencias ha tenido para la econom√≠a esta descarnada descripci√≥n de la evoluci√≥n pol√≠tica del mundo occidental? El costo ha sido el gran aumento del gasto p√ļblico. En la √©poca que dio su discurso Max Weber, dicho gasto p√ļblico consolidado no llegaba, a nivel mundial, al 15% del PIB. En estos √ļltimos 100 a√Īos, el destino de recursos a la burocracia y a la transferencia de dinero para obtener favores en las votaciones que son cada 2 a√Īos ha crecido mucho, y el gasto p√ļblico llega al 50% del PIB, como mediana mundial. Est√° financiado con altos impuestos, con deuda p√ļblica y con emisi√≥n falsa de dinero, es decir, inflaci√≥n. Si Max Weber pudiera de alguna manera enterarse de estos hechos seguramente se revolver√≠a en su tumba, pues no podr√≠a creer que en tanto tiempo no haya habido una reacci√≥n frente a esta tendencia de extraer recursos de los que generan riqueza para transferirlos a los que no la generan, en poner un l√≠mite a esta forma de vivir "de" la pol√≠tica, imponiendo cargas "a los dem√°s". Es que la acci√≥n colectiva coercitiva que dispone el Estado, con el monopolio de la violencia legal en sus manos, es mucho m√°s fuerte que la capacidad de organizaci√≥n y respuesta de grandes masas de gente desorganizadas que, aunque pudieran no estar conformes con el desarrollo de los acontecimientos, nada o muy poco podr√≠an hacer en el corto o mediano plazo para cambiar la tendencia de las cosas.

Aunque es dif√≠cil y parece una actividad muy peligrosa, la √ļnica forma de cambiar el rumbo de los acontecimientos es actuando en pol√≠tica y al mismo tiempo mantener las convicciones, pero no declarativamente, sino realmente.