La politizaci贸n de la administraci贸n p煤blica

Hasta hace unos a帽os atr谩s hab铆a una l铆nea divisoria entre los puestos pol铆ticos y los puestos de gesti贸n de la Administraci贸n P煤blica. Ahora se ha politizado todo y esa costumbre se ha abandonado para mal. Todos los puestos son pol铆ticos y pr谩cticamente nadie puede opinar distinto o frenar una decisi贸n pol铆tica aunque sea incorrecta. El que lo hace puede sufrir las consecuencias. Tampoco se ha podido frenar el uso pol铆tico de las agencias administrativas y se las complic贸 en conflictos que son ajenos a la gesti贸n, como pasa por ejemplo, con la AFIP y el caso del agente inmobiliarioque dijo que hab铆a menos actividad en el sector y fue inspeccionado por ese motivo. La politizaci贸n de los puestos importantes en la Canciller铆a se ha hecho casi total, tirando por la borda la ejemplar organizaci贸n que ven铆a desde la 茅poca del Ministro de Relaciones Exteriores Carlos Mu帽iz. El mantenimiento sostenido de una profesionalizaci贸n de la Canciller铆a le ha dado muy buenos resultados a Brasil, para citar s贸lo un ejemplo.
El puesto de Director Nacional era la culminaci贸n de la carrera administrativa dentro del Estado y los puestos de Subsecretario o Secretario de Estado o Ministro y sus asesores eran los puestos pol铆ticos. Todos los puestos administrativos eran obtenidos por concurso y cada tanto hab铆a concursos internos o abiertos para llenar esas vacantes con los m谩s id贸neos. Para los mejores empleados p煤blicos hab铆a becas en universidades de primera l铆nea del exterior para que pudieran adquirir una formaci贸n profesional del mejor nivel mundial. Esto no es m谩s as铆. Actualmente, los puestos de la administraci贸n los obtienen aquellos que son afiliados al partido gobernante o aquellos que tienen alguna relaci贸n con la agrupaci贸n pol铆tica preferida del momento.

No es que las personas politizadas sepan menos o sean menos capaces que los que hacen una carrera administrativa en el Estado, sino que las organizaciones pol铆ticas de moda colonizan los puestos y act煤an por encima de toda la gesti贸n administrativa. En otras palabras se da importancia fundamental a la fidelidad al que manda, y se pone esta calificaci贸n por encima de todo, dejando de lado la profesionalidad intachable, la eficiencia o la actuaci贸n justa del funcionario de la administraci贸n. En las provincias, los que llegan al poder pol铆tico, como en el caso de los gobernadores de muchas de ellas, colonizan a toda la administraci贸n para obtener votos y perpetuarse lo m谩s posible en el gobierno.

Se requiere una organizaci贸n del Estado m谩s eficiente. No es un lugar para "cazar puestos". Es un lugar para servir a los dem谩s. Hay un error de concepto que hay que corregir. Si la principal empresa del pa铆s que es el Estado no funciona y adem谩s est谩 politizada, no va a ser exitosa ninguna empresa dentro del pa铆s, y el pa铆s mismo no va a progresar como podr铆a hacerlo. De este modo siempre vamos a tener desocupados y pobreza, a煤n despu茅s de haber crecido durante 10 a帽os a tasas chinas.

Nos urge un cambio fundamental en la administraci贸n p煤blica para mejorar la estrategia de largo plazo del pa铆s y la gesti贸n correcta de las decisiones para concretar esos objetivos en el menor tiempo posible. Hay que volver a trazar una l铆nea divisoria entre la administraci贸n y los puestos pol铆ticos. El populismo no quiere que la organizaci贸n profesional del Estado le ponga trabas a las decisiones que ellos toman y por eso debe destruir una tras otra las buenas instituciones que hab铆amos logrado construir, como fue el caso de la gesti贸n profesional de la administraci贸n p煤blica. El caso del Indec es s贸lo un ejemplo.

Hay que seguir insistiendo en lo que es correcto hasta lograr mejorar la calidad de las decisiones en nuestro pa铆s. Se debe recuperar esa instituci贸n fundamental que hab铆amos logrado y que hemos perdido: separar las decisiones pol铆ticas de la gesti贸n profesional del Estado.