Navidad y Año Nuevo: mirar el futuro y dejar atrás el populismo

En esta época del año, para Navidad y Año Nuevo, solemos hacer un balance de cómo anda el país. El balance no es bueno: estamos volviendo al pasado. Esta es una situación dolorosa en un mundo que vive mirando al porvenir. Cada día, en otros lugares, se concretan más cambios, más inventos, más modernidad, por lo cual vamos quedando rezagados en forma explícita. La juventud que quiere progresar, que quiere estudiar y trabajar fuerte, no está motivada por las tendencias actuales del país.
Me gusta construir, conciliar posiciones, llegar a consensos que se hagan carne en lo que nos conviene como país, todos mirando un ideal futuro de la Argentina, un proyecto de vida en común. Por eso no quisiera tener que decirlo, pero la verdad es que hay muchas cosas básicas que no andan bien. Por ejemplo, los trenes se mueven por milagro, y cuando circulan es muy difícil que lleguen a horario. Lo mismo pasa con los demás medios públicos de transporte. Las rutas están en muy mal estado. Por ejemplo, la ruta Panamericana que une Buenos Aires con Rosario, las dos principales ciudades del país, está llena de baches y hundida en los lugares por los que circulan las ruedas de los camiones. No se ha hecho el mantenimiento correcto. Ahora se está arreglando con una carpeta asfáltica no muy gruesa, que seguramente se llevarán las primeras lluvias que caigan. La Ruta 6, que une Zárate-Campana con La Plata, los dos polos industriales y de refinerías más importantes del país, es intransitable. Y se podría seguir, por ejemplo, con la contaminación del Riachuelo, con las villas miserias que se están ampliando (algunas construcciones tienen hasta cuatro pisos), con la inversión para explorar petróleo y gas que no hicimos y muchas cosas más.

No podemos culpar a nadie de nuestros males. No nos pasa esto por culpa del FMI, ni de la Trilateral, ni de la CIA, ni por ninguno de los chivos expiatorios que inventaron los políticos en el pasado. Actualmente se culpa de nuestros males a los "sectores concentrados". Somos nosotros los culpables porque nos gusta el populismo, y aún más, el "populismo radicalizado". El populismo mira el día y las próximas elecciones, no ve lo que viene después, no ve el futuro. Ahora están volviéndose insoportables todas las postergaciones que se hicieron en los últimos diez años y el día a día se vuelve muy tóxico. Las recetas del populismo de ayer ya no responden a las realidades de hoy. No hay forma de postergar más los problemas, de taparlos redoblando la apuesta, o de echarle la culpa a otro. Es hora de resolver, no de postergar.

¿Qué deberíamos hacer? Primero, tenemos que idear un plan integral que haga frente a toda la situación. Corregir una variable aislada no va a servir para nada y aun podría ser peor. Este plan debe reordenar la economía, recuperar las cosas que se hicieron bien, corregir las decisiones que se han hecho de manera equivocada y tomar en cuenta todo lo que ha cambiado el mundo en los últimos diez años y lo que cambiará en los próximos diez. Segundo, tenemos que abandonar el populismo de los 50 o los 70, controles de precios, control de cambios, control de importaciones, controles por la Afip al que dice algo inoportuno, controles y más controles. Gasto público insostenible, que era del 28 % del PIB en 2003 y ahora ha llegado al 45% (47,5% según la cifras oficiales). Eso significa dilapidar los recursos en lugar de usarlos para hacer un país moderno.

No queremos volver al pasado, queremos salir de esta situación mirando al futuro, con los brazos abiertos a todos, sin excluir a nadie, mirando al mundo, integrados al mundo, quizá imitando a los países vecinos, o siguiendo a los nuevos líderes mundiales, que son aquellos países que invierten más del 30% de su PIB.

La Argentina siempre estuvo entre los diez primeros países del mundo. Es cierto que hemos decaído, pero no nos podemos quedar en lo que dice el soneto de Quevedo:

Miré los muros de la patria mía
Si un tiempo fuertes, ya desmoronados.

En estas Navidades, en el momento alto de la esperanza cristiana, del nacimiento del Hijo del Hombre, tenemos que reaccionar y hacer el esfuerzo que sea necesario para recuperar nuestros valores, nuestro liderazgo y levantar bien alto la bandera argentina. Lo que estamos aplicando ahora, "el modelo", es más de lo mismo, es más de lo que ya hemos probado en el pasado y que, comprobadamente, no dio resultados. Necesitamos un cambio integral. Vale la pena intentarlo. Podemos hacerlo.