La hora de la verdad se aproxima

Se terminó el tiempo político y se inicia el tiempo de ejecutar los cambios económicos que es necesario encarar en esta fase.

La hora de las urnas dio su veredicto y confirmó que en los dos últimos años se acumuló una significativa pérdida del capital político del partido gobernante , de lo cual pueden desprenderse dos consecuencias:

    1) Las decisiones tomadas desde 2011 hasta ahora no han dado los resultados esperados y sus efectos han desencantado a una buena parte del 54% de los votantes del Frente para la Victoria de aquel año, aun considerando que las elecciones de 2011 y 2013 no son totalmente comparables al ser presidencial una y de medio término la otra. Esta tendencia indica sin duda que se requieren correcciones.

    2) Las perspectivas para 2015 son también claras ya que no hay re-reelección legalmente posible ni delfín aprobado y competitivo como para ganar la presidencia. Tampoco queda tiempo como para crear uno de la nada. En consecuencia, éste será, posiblemente, un tiempo más bien económico.

Por lo tanto, se puede considerar que va a ser el momento oportuno para rebalancear las variables desviadas, como le pasa cada tanto a casi todos los gobiernos del mundo. Indicamos algunas variables que requerirían un reordenamiento.

La inflación, que ha sido negada, oficialmente, debe ser enfocada como un problema muy serio. Además de arreglar el Indec para cuantificarla bien, hay que ir a las causas profundas de la inflación y corregirlas. El continuo incremento de los medios de pago monetarios para financiar el déficit fiscal va inflando la economía y si este proceso es continuo (no es circunstancial) los economistas lo llaman "inflación". En este sentido, también se detecta que si se infla continuamente el consumo nominal sin tener suficiente tasa de inversión reproductiva, la oferta de bienes y servicios no puede seguir el ritmo de la demanda nominal de gasto y en consecuencia aumenta la inflación.

Para poder detener de verdad a la inflación uno de los puntos centrales consiste en eliminar el déficit fiscal, causa básica de la expansión monetaria, pero está ocurriendo lo contrario ya que dicho déficit ha venido creciendo mucho en los últimos seis años. Por lo tanto, moderar la inflación exige frenar el gasto público, pues ya no se pueden subir más los impuestos y hay que tener menos déficit.

Un rubro que se recomienda corregir es el de los subsidios a la población, mecanismo que se usa para que ésta pague los servicios públicos muy por debajo del costo de brindarlos. Este monto, por su gran tamaño, se ha tornado inmanejable. Por otro lado, hay que considerar el hecho de que casi la mitad de los beneficiarios de los subsidios son familias pudientes que podrían pagar perfectamente el costo real de los subsidios que se justifican para una franja de alrededor del 10-12 % de la población que son los desempleados e indigentes.

También ha aumentado mucho el número de agentes públicos, tanto en el gobierno nacional como en los provinciales y municipales. El número consolidado pasó de 2.200.000 agentes en 2003 a 3.600.000 ahora. Dicho número aumentó en todas las jurisdicciones, incluida la Ciudad de Buenos Aires. Este no es un tema fácil de arreglar, pero no se puede desconocer el problema.

El número de jubilados y pensionados que se mantuvo estable por bastante tiempo en 3.100.000 de beneficiarios ha crecido muchísimo en los últimos años y ahora se ubica en más de 6.500.000, pues hubo muchos "jubilados sin aportes" y el gobierno nacional se ha comprometido indirectamente a un flujo de pagos mensuales como si fuera el cupón de una deuda que ahora hay que desembolsar vitaliciamente.

En definitiva, el problema fiscal hay que ir arreglándolo y llegó el momento de hacerlo aunque sea difícil, ya sea porque los impuestos que normalmente eran 24% del PIB ahora son el 42%, o porque el gasto que era 28% del PIB ahora es 46%.

El tipo de cambio se ha venido atrasando, pues se usó como ancla antiinflacionaria desde 2007. Por este motivo los costos internos en pesos re-expresados en dólares oficiales han aumentado 123% desde ese momento y así es difícil exportar productos industriales, especialmente los de las economías regionales.

Así como se está "desendeudando" al país también hay que "desatrasar" el tipo de cambio oficial. Se está intentando esta política acelerando el ritmo de las micro-devaluaciones diarias, pero en medida insuficiente, como lo demuestra el hecho de que la devaluación enero-septiembre (17,9 %) es aún menor al ritmo de la inflación (20,8 %) de ese periodo. Si se soluciona este punto, se puede ir eliminando gradualmente el problemático "cepo cambiario" y las DJAI, es decir, las autorizaciones previas para introducir al país cada una de las importaciones.

También es necesario hacer algo eficiente en materia de precios de la energía y demás servicios públicos, pero no ya desde el punto de vista de reducir o eliminar subsidios, sino para generar incentivos iguales a los que existen en todos los demás países del mundo en materia de inversión en estos sectores. Es decir, para atraer la inversión en medida suficiente, los precios deben ser próximos (o solo algo más bajos) que los internacionales. Si no lo hacemos tendremos que seguir importando energía y no la vamos a poder pagar o no andarán bien los trenes, o los colectivos y demás servicios que tengan precios políticos, por falta de inversión. Le podemos echar la culpa al que mejor nos venga, pero con los precios actuales para estos servicios públicos no hay inversión posible en estos rubros y por lo tanto no pueden andar bien en forma sustentable.

Un aspecto prioritario es el del desempleo que llega a 1.640.000 personas y que no es mayor por el incremento de 1.400.000 puestos públicos. Es necesario crear más empresas para ocupar productivamente a toda la población y no que sólo algunos trabajen y otros obtengan una parte de ese trabajo mediante transferencias gubernamentales. Para obtener mayor empleo productivo hay que obtener confianza en nuestras instituciones y tener un riesgo país cercano al del Uruguay, que es de 200 puntos, mientras el nuestro está en algo por arriba de 1000 puntos. Hay que salir de todos los default que aún perduran desde 2002 pues nos hemos tomado demasiado tiempo para normalizar este problema.

Naturalmente todas estas medidas y los rebalanceos descritos y otros que puede ser necesario hacer, exigen también un reordenamiento de muchas otras variables macroeconómicas incluyendo aumentos de sueldos para hacerlos compatibles con los nuevos niveles de costos y con la eliminación gradual de impuestos distorsivos, sin dejar de contemplar las repercusiones secundarias en costos y precios de todos los rebalanceos que sean necesarios.

Adicionalmente a los temas económicos, un problema que no puede dejar de considerarse es el de la seguridad, en el que se nota una "ausencia del Estado" y la población lo señala como un tema prioritario a resolver. Lo mismo se puede decir de la educación donde la calidad ha bajado ostensiblemente, como lo demuestran los exámenes Pisa. Son temas no económicos, pero que a la hora de invertir se toman muy en cuenta ya que representan una limitación importante tanto para conseguir mano de obra preparada en el futuro como en cuanto a los riesgos de la vida cotidiana.

Este análisis no pretende ser exhaustivo, sino que, así como hay muchas cosas que el Gobierno ha hecho bien, puede haber más variables que las nombradas en las que sea necesario efectuar rebalanceos. Es necesario iniciar, aunque más no sea en algunas variables e incluso gradualmente, la etapa de la corrección de los desvíos indeseados. Pues como dijo Atahualpa Yupanqui: "Con los tumbos del camino/ se entran a torcer las cargas/ pero es ley que en huella larga/ deberán acomodarse/ y aquel que llegue a olvidarse/ las ha de pasar amargas"