El Sueldo del Presidente

El sueldo bruto del Presidente del país fue fijado en 1500 pesos fuertes por mes o sea $ 18.000 anuales por una ley del año 1862, es decir, al inicio de nuestra organización nacional.

Con la gran inflación que han generado los distintos gobiernos desde 1940 hasta ahora aquella cifra no nos dice nada en el presente. Por eso la corregiremos por la inflación que se verificó desde aquel momento hasta 2015.

El número que resulta después de efectuar esa operación a junio de 2015 es de $174.000 por mes, mucho más alto que el que tiene actualmente la Presidenta, que es de $ 100.624.

 

Como dijimos el sueldo presidencial es más bajo que la cifra que ganaba en 1862 ya que los ingresos de la Presidente en 2015 son de $ 43.710 de sueldo básico más $ 56.914 por gastos de representación (compensaciones), lo que da un total de $ 100.624 por mes. Si tomamos el tipo de cambio oficial son U$S 11.200 por mes y si consideramos la cotización del dólar según el valor de contado con liquidación representan U$S 8400 por mes. El sueldo anual por todo concepto de la Presidenta es entonces de U$S 139.000 por año.

Sin embargo, el patrimonio de la titular del Poder Ejecutivo creció significativamente desde diciembre de 2007, fecha en la que asumió, hasta ahora según su declaración jurada. Esta evolución es una señal de que parte de sus ingresos corresponde a otra fuente, a sus inversiones. Soy partidario de que el Presidente del país gane más que el presidente de las diferentes empresas que operan en su territorio, pues el país es más importante que cada una de las empresas, pero esto no está ocurriendo en nuestro país.

Necesitamos que los sueldos del Presidente, de los ministros y de otros altos funcionarios del Gobierno además de ser realista, sean accesibles a la población, ya corregidos por la inflación para tener un valor que todos podamos juzgar.

El Presidente y los demás altos funcionarios deben ganar bien para no sufrir las tentaciones del poder, que son muchas. Como tienen que tomar decisiones teniendo como único criterio el bien común, no deben tener que preocuparse por los recursos económicos propios.

Recordemos que el lobbying de algunos sectores es muy fuerte, ya sean sindicalistas o empresarios extractivos, es decir, los que extraen dinero de la comunidad por medio de decisiones gubernamentales para quedárselo ellos. Estas decisiones equivocadas hacen retrasar al país como se puede comprobar por la declinación lenta, pero permanentemente, de nuestro ingreso per cápita en relación al de otros países con los cuales nos comparábamos favorablemente en el pasado.

Es fundamental la ética de los responsables políticos del país en sus máximas figuras y el ejemplo debe venir para todos los ciudadanos desde el Estado. Sin este cambio ético es prácticamente imposible que podamos mejorar.