Los que mandan (I) y nuestro fracaso

Este es el primero de tres artículos en que hemos dividido uno más extenso "Los que mandan" en los que nos referiremos a quienes encarnan las instituciones en la Argentina, a los que mandan, para ver su forma de encarar la realidad, los objetivos del país que pueden representar, y qué estrategia se estima que persiguen. En otras palabras, según ellos "dónde ir y cómo llegar".

En este artículo analizaremos la estrategia que han seguido y sus resultados a grandes rasgos. En los siguientes, los diferentes factores de poder: políticos, empresarios, banqueros, sindicalistas, fuerzas armadas, iglesia y demás instituciones del país y que objetivos diferentes persiguen cada uno de ellos. Es fundamental entender estos aspectos para estimar como podemos evolucionar en el futuro.

Ningún factor de poder en la Argentina tiene una estrategia general del país a largo plazo ya sea a cinco años, a veinte, o a cincuenta años. Solo tácticas de poder, que siempre son de corto plazo, oportunistas. No se anuncian los planes de gobierno sino que hay que ir adivinándolos por medio de lo que se va haciendo con cada medida, de a una. El nivel de gobernabilidad, por lo tanto, resulta bajo. El poder de los factores claves se ha atomizado. Antes, los que mandaban, no se conocían mucho entre sí, según el libro de José Luis de Imaz "Los que mandan". Hoy, quizás se conocen, pero cada uno dispone de una muy pequeña cuota de poder, lo que les impide influir significativamente o sólo disponen de una influencia efímera. 
 
La Argentina no ha podido tener una visión de lo que quiere ser en el largo plazo, un plan estratégico básico, aceptado por las diferentes líneas de pensamiento, que no se interrumpa al cabo de algunos años de aplicación, que no implique un nuevo empezar y tirar todo lo hecho o, incluso peor, hacer todo lo contrario de lo que se venía implementado. Este accionar se refleja terriblemente en los resultados como país, en la mayor pobreza de la gente, que llega ahora al 29 % de la población según cifras de la UCA. Este nivel de pobreza se suma a que tenemos cerca de u$s 400.000 millones de capital de residentes de argentinos en el exterior, debido a las diferentes expropiaciones provocadas por inflación, hiperinflación, cambio del todo el dinero en los bancos por un bono estatal a diez años, maxi devaluaciones, "rodrigazos" y diferentes medidas que asustan al mas audaz.

Recordemos que desde 1810 hasta 1940, la calidad de vida de los argentinos, medida por el ingreso per cápita, fue por 130 años igual que la de Canadá, o Australia, para tomar algunas comparaciones relevantes. Desde el golpe de Estado de 1930, los que mandan en Argentina vienen equivocándose en forma reiterada y el resultado de todas esas acciones se refleja en un ingreso per cápita de alrededor de u$s 9.000/12.000 por año, contra u$s 43.000 de Canadá, o sea, la clase dirigente ha condenado a la población argentina a vivir sólo al 25 % de sus posibilidades. Por eso hay una gran frustración en cada argentino, que siente ya en forma evidente que no le puede echar la culpa a razones externas, sino a los que mandan aquí, a los aquí quieren hacer cabeza, pero desconocen el arte de llevar al país por el buen camino o, aunque sea, por el camino promedio de los otros países.

Esto es lo que tenemos que cambiar. Se hace imprescindible una nueva visión de la Argentina, que responda a las posibilidades del país. Y no a la de subdesarrollarnos por nuestra propia voluntad. Se ha iniciado una nueva gestión y hay mucha esperanza de un cambio real en la forma de administrar el país. Tenemos que rogar para que este cambio se concrete y tengamos una visión de país aceptada por todos. Sería un gran paso hacia adelante.